miércoles, 2 de marzo de 2011

Efecto mariposa dentro del nuestro propio mundo interior.

Él siempre fue un niño diferente, los niños se burlaban de él por jugar con las niñas y le llamaban una cosa que ni sabía qué significaba.
Su hermano mayor nunca estaba presente en esos momentos tan difíciles por los que pasaba un niño como él, simplemente intentaba mantenerse ajeno a todas esas historias, y no podía culparle por ello. Creció sin un padre, porque este trabajaba en el extranjero y aunque lo veía dos veces al año no era suficiente. Estaba un poco gordo.

Creció viendo que el mundo a su alrededor se mofaba de él y no sabía por qué. No tenía edad para saberlo, no tenía la maldad necesaria para saberlo.

Recuerda todas y cada una las veces que le hicieron llorar, recuerda casi todas las veces que alguien le ha hecho daño intencionadamente, recuerda muchas de las caras que le insultaron. Todos estos recuerdos invadieron el recuerdo general de su infancia, colonizándolo casi por completo.

Es por eso que se convirtió poco a poco en un chico frío, desconfiado y muy vengativo. Tan vengativo que hasta él mismo se asustaba de lo que podría llegar a hacer.

Con el tiempo, y ante la fortaleza adquirida, ya casi nadie se burlaba de él, porque ya no le afectaba. Ahora era un adolescente, alto, delgado y todo el mundo decía que bastante guapo. Había descubierto a base de palos como actuar para poder ser lo que se suponía que debía ser un chico normal, pero era eso, una mera actuación. Se había convertido, sin darse cuenta, en un actor sobre el escenario de su propia vida

Había llegado a olvidarse de su verdadera identidad, asumiendo como real el papel que interpretó durante años. Eso le hacía la vida más fácil.

Pero la herida abierta seguía muy dentro de sus entrañas.
El hecho de no poder querer a nadie le producía un sentimiento de soledad enorme. El hecho de no poder amar hizo que su adolescencia fuese de lo más tranquila, nunca se dejó llevar por los sentimientos propios de esa edad.
Tenía amigos porque ellos y ellas le querían aunque él no sabía porqué. Dio su primer beso, sin sentir lo más mínimo, hizo el amor por primera vez sin ningún tipo de sentimiento.

Se preguntaba porqué no tenía sentimientos, porqué era una persona tan sumamente fría, porqué demonios le atormentaba todo aquel pasado que ni siquiera recordaba.


...

El pasado nos marca de una forma que a veces no llegamos ni a imaginar. Muchas veces no podemos identificar qué tecla se ha pulsado hace 20 años para que ahora actuemos como lo hacemos, pero sus efectos están ahí. Es el efecto mariposa dentro del nuestro propio mundo interior.

martes, 1 de marzo de 2011

Miedo a sentir el miedo a caer (2): Ha llegado el momento de la caída.

El mástil sobre el que estaba, tambaleándome, ha hecho un movimiento demasiado brusco, y finalmente he perdido el equilibrio.
Ahora estoy cayendo al vacío, no va a ser un golpe rápido, lo veo. Siento el vértigo de una caída de 90 pisos a toda velocidad, pero es como si el tiempo no pasase. Veo el suelo, y sé que me va a doler, mucho, pero ya no hay vuelta atrás, y tampoco es que hubiese podido hacer nada por evitarlo.

En el mástil del que os hablo, no estaba yo sólo, había alguien conmigo, alguien que ha decidido no darle una oportunidad al futuro, alguien que se aferró al pasado, a un pasado oxidado y bastante deteriorado. Y es por eso por lo que estoy cayendo, allí arriba, él, el pasado y yo no cabíamos.

Ahora me siento desolado por un amor que pudo ser y no fue, por tener a mi media naranja tan cerca y descubrir que él no quería que yo fuese la suya. Me siento triste y sin ganas de nada, llorando por las esquinas echando de menos esos momentos que todavía no habíamos vivido.

  • Adiós...
Adiós. ¿Querrías hacer algo por mi antes de perdernos para siempre?
  • Claro... dime...
Dile que te cuide, y te haga feliz todos los días de su vida, porque para que vosotros estéis juntos, siempre habrá una persona que tenga que llorar.
  • Claro, se lo diré, pero no entiendo a qué viene esto...
¿Como te sentirías si la persona a la que amas, se fuese con otra persona que sabes que no le quiere como tú?
  • ¿Me estás diciendo que Javier no me quiere?
Si...
  • Si ni siquiera le conoces, ¿cómo puedes afirmar algo así?
Porque sé que nunca nadie te querrá como yo, al igual que sé que nunca nadie querrá a Javier como tú y al igual que sé que Javier no te quiere a ti como querrá a otra persona que aún no ha aparecido en su vida.
  • No me lo puedo creer... ¿cómo te atreves a decir eso?
Porque yo no te habría dejado, nunca te habría tratado como te ha tratado él, nunca tendrías que arrastrarte por volver a mi lado...

jueves, 24 de febrero de 2011

Flechazo

Una farola tintineaba en un oscuro callejón de una villa gallega poco habitada a la orilla del enfurecido océano atlántico. Allí, rodeados por vacío, solitarios coches dormidos esperaban al inminente amanecer, y tras una astuta estratagema que mi ángel de la guarda había planeado sobre la marcha nos dimos un beso.

El primer beso que nos habíamos dado jamás, un beso que hizo que todo el bello de mi cuerpo se estremeciese de una forma aterradora. Un beso que paró el tiempo a nuestro alrededor y convirtió las oscuras calles en una verde y primaveral pradera a la orilla del mar. Un beso que se quedó marcado a fuego en mis labios y les hizo enmudecer para el resto de la noche.
Un beso que llegó en forma de una cómica prueba y traspasó las barreras de mi corazón para invadirme y dejar la puerta, que yo había blindado, abierta a cupido.

Desde aquella noche solo sueño con él, sólo puedo soñar con que ese beso se repita para el resto de nuestras vidas, que ese beso inmortal permanezca intacto observando los años pasar por nosotros. Sólo puedo pensar en acariciar su piel, suavemente con las yemas de mis dedos mientras tumbados en una cama ataviada de blanco esperamos la venida de Morfeo. Sólo puedo imaginar un abrazo eterno en algún acantilado solitario de nuestra tierra natal mientras el sol saluda a la luna escondido detrás de Finisterre.

El ángel del amor atravesó mi corazón como nunca lo había hecho antes.

Desde entonces, espero atento cualquier noticia, un saludo, una palabra, una sonrisa, un simple gesto que me ayude a seguir soñando con que él siente lo mismo.

Sunny day

Entre la oscuridad de un día de invierno siempre aparece un pequeño rayo de sol que nos recuerda que el verano está por llegar.

Hoy no me apetece ser optimista, pero una parte de mi insiste en serlo, quizá sea el corazón. no lo se, el caso es que uno de mis ojos está cegado por ese pequeño rayo de sol y el otro está totalmente asolado por la oscuridad.

Qué hacer en estos casos, cómo decidirme entre el optimísmo fantástico o la realidad pesimista. Quiero poder disfrutar del optimismo y no darme cuenta de lo real. Me encantaría poder ver la realidad sin sentir lástima por la belleza de lo optimista.


En una hermosa tarde de primavera un joven tumbado sobre el cesped de un gran parque, pensando, meditando, ve una pequeña y solitaria margarita, y la coge:
  • ...me quiere.... no me quiere.... me quiere...
-Qué haces?
  • no lo ves? deshojando una margarita...
-Ya.... para qué?
  • por que me apetece... qué haces tú?
-Pienso
  • Ya... en qué?
-Pues... es dificil... intento averiguar si él me podría querer, si le gustaría estar junto a mi, en por qué me gusta tanto... Intento encontrar una explicación y una solución a lo que siento por él
  • te das cuenta de que intentas racionalizar algo tan irracional como los sentimientos?
-Si, pero todo lo que hacemos, lo hacemos por algo, lo sentimos por algo, actuamos de una forma racional, los humanos somos racionales.
  • creo que te equivocas...
-tú crees? pues yo creo que es bastante estúpido deshojar una margarita para saber si te quiere o no...
  • ya... pero es que tú eres un humano, yo una persona... y las personas no somos racionales, somos sentimentales. 

Miedo a sentir el miedo a caer.

Los sueños... soñar despierto... no hay nada que produzca más felicidad que un sueño se cumpla, así como no hay nada peor que la incertidumbre de si se cumplirá o no.



Al contrario de lo que creía, un sueño que sabemos que nunca llegará a ser real no nos despierta más que un leve sentimiento de indiferencia, y no sufrimiento.

Pongamos un ejemplo; Estás manteniendo el equilibrio sobre un mástil muy fino de 20 metros de altura. Lo único que deseas es no caer, y si en un momento dado pierdes el equilibrio sufrirás y si llegas a caerte sentirás dolor. Por otro lado si en primer lugar te encuentras en el suelo y deseas subir a lo más alto del mástil pero sabes que no puedes hacerlo, nunca sentirás el dolor del golpe contra el suelo.

Pero el sentimiento que realmente me inspira hoy, y en el que me quiero centrar es en el del momento que empiezas a tambalearte encima del mástil, esa incertidumbre de si tu sueño se hará o no realidad, esa ansiedad por saber si él siente lo mismo que tú, la angustia por averiguar si será tu media naranja, y lo que es más importante si tú eres la suya o la inquietud por saber si tu vida llegará a donde deseas.
Las dudas y los miedos nos hacen sentir un dolor muy diferente y en mi opinión mucho más dañino que el propio golpe o esa verdad que no queremos oir. Por eso muchas veces cuando nos tambaleamos encima de ese gran mástil, decidimos tirarnos y terminar con la agonía y pasar de una vez por todas al "agradable" sufrimiento del golpe

Hoy también os digo que cuando pensamos en la alternativa de tirarnos en lugar de seguir soñando hasta que nos caigamos o dejemos de tambalearnos, muy pocas veces se valora bien la opción de "dejar de tambalearse" o lo que es lo mismo: alcanzar tu sueño, lograr enamorar a esa persona o llegar a tener la vida que deseabas.
Es cierto que cuanto más tiempo pases tambaleándote más tiempo sufrirás, pero, ¿y si no llegas a caerte? ¿has pensado qué pasará si no llegas a caerte? A mi parecer, una pizca de felicidad termina con todo el sufrimiento que hayas podido pasar, y creo que eso podría merecer la pena.

Yo por ahora he decidido tambalearme y caer si tengo que caer, o mantenerme si así lo decide la suerte. Pues una gran amistad, me ha enseñado que sentir es síntoma de estar vivo y ser una persona (que no un humano) y ha cambiado mi forma de vida ayudándome a subir al mástil en lugar de quedarme en el suelo por miedo a sentir el miedo a caer.

Lori Meyers, Mi Realidad