Ahora estoy cayendo al vacío, no va a ser un golpe rápido, lo veo. Siento el vértigo de una caída de 90 pisos a toda velocidad, pero es como si el tiempo no pasase. Veo el suelo, y sé que me va a doler, mucho, pero ya no hay vuelta atrás, y tampoco es que hubiese podido hacer nada por evitarlo.
En el mástil del que os hablo, no estaba yo sólo, había alguien conmigo, alguien que ha decidido no darle una oportunidad al futuro, alguien que se aferró al pasado, a un pasado oxidado y bastante deteriorado. Y es por eso por lo que estoy cayendo, allí arriba, él, el pasado y yo no cabíamos.
Ahora me siento desolado por un amor que pudo ser y no fue, por tener a mi media naranja tan cerca y descubrir que él no quería que yo fuese la suya. Me siento triste y sin ganas de nada, llorando por las esquinas echando de menos esos momentos que todavía no habíamos vivido.
- Adiós...
- Claro... dime...
- Claro, se lo diré, pero no entiendo a qué viene esto...
- ¿Me estás diciendo que Javier no me quiere?
- Si ni siquiera le conoces, ¿cómo puedes afirmar algo así?
- No me lo puedo creer... ¿cómo te atreves a decir eso?
Pero la vida siempre pondrá las cosas en su sitio. Y no siempre es el sitio que uno espera, aunque casi siempre es el que desea.
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