Entrando acompañado del siniestro chirrido de las antiguas bisagras y el crujido de la madera del suelo se encontró con un hall oscuro, tenebroso y sucio. Vio pasar ante él y entre un aura de luz, corriendo, un niño gordito, venía de una habitación que parecía ser el salón y se alejó dejando tras de si una gran carcajada, con mucho cuidado de no caer por uno de los muchos agujeros del suelo, creados por la humedad, y lleno de curiosidad siguió al niño entrando en lo que parecía haber sido una cocina, su corazón dio un vuelco y un nudo se le formó en la garganta al ver el cadáver tirado en el suelo del niño que había visto hacía unos segundos.
Paralizado, sintiendo la impotencia por no poder hacer nada, unas lágrimas resbalaron por sus mejillas al ver la expresión de una tristeza terrible que el niño tenía en su cara. Estaba tan desolado por la imagen del cuerpo de aquel pequeño sin vida que no se había percatado que a un lado del cadáver había un gran cuchillo ensangrentado y al lado de este se encontraba el mismo niño, un poco mayor, más delgado y serio, permanecía de pie, quieto, con la mirada hacia el suelo.
Un gran escalofrío recorrió todo su cuerpo al contemplar toda aquella macabra escena, no entendía nada.
El asesino levantó la vista al sentir la presencia del intruso y los dos se miraron fijamente, inmóviles, durante lo que parecieron ser años. La expresión de este nuevo niño era incluso más escalofriante que la última mueca del pobre chico muerto, pero esta vez no era tristeza lo que reflejaba, era frialdad, serenidad, indiferencia, como si careciese de sentimientos.
Sin decir ni una sola palabra, el joven homicida siguió su camino y apartando de una patada el inocente cuerpecito sin vida salió de la estancia como si nada hubiese pasado.
El chico estaba en estado de shock, no era capaz de mover ni un músculo, no era capaz de pensar con claridad, no podía reaccionar. Sintió un abrumador sentimiento de tristeza cuando, sin saber cómo, se encontró a si mismo sentado sobre el viejo suelo de madera, oscurecido por la sangre, dando unas caricias de inútil consuelo al pequeño que conservaba su expresión de terrible tristeza pero que ya no sentía nada, ya jamás volvería a la vida.
Levantó la vista, y solo alcanzaba a ver una enorme sala oscura.
Seguía sentado en el suelo cuando sintió un sabor extraño en la boca y al intentar orientarse y saber dónde estaba vio que las paredes se alejaban aunque sentía que la sala seguía siendo del mismo tamaño. Era él que se estaba haciendo más y más pequeño mientras del oscuro y cada vez más lejano techo comenzaron a llover cubos negros.
Corrió un rato por un espacio infinito intentando refugiarse de la extraña lluvia y se encontró en una esquina de la sala al joven asesino sentado, abrazando sus rodillas, estaba cansado y triste, a pesar de que sólo habían pasado unos minutos desde el macabro encuentro, era mayor que la primera vez que lo vio, pero no era lo único que había cambiado, ahora, a diferencia de antes, estaba aterrado. Extraño ¿Verdad? ¡Naturalmente! Fue en ese momento en el que se percató de que la lógica había desaparecido de la situación, todo era demasiado extraño. Aunque sentía que todo era real, cayó en la cuenta de que sólo podía estar soñando. Ya le había pasado antes y sabía cómo actuar.
Era, entonces, el momento de tomar las riendas del sueño de forma consciente, bueno, casi consciente. Envalentonado por la invulnerabilidad que le proporcionaba el entorno onírico, se acercó al joven con intención de averiguar qué había pasado en la cocina hace unos minutos, o años.
El joven se derrumbó y empezó a llorar cuando el chico se acercó a pedirle explicaciones, ya no era el temible y macabro asesino adolescente que había conocido, era un joven asustado y arrepentido. El chico le preguntó quien era y qué hacía allí.
Notó un pequeño cambio en la expresión del joven pero no pudo identificar de qué se trataba. Sin embargo vio que estaba más sereno y tranquilo. seguía acercándose, aunque no conseguía estar más cerca de el. El joven contestó rotundamente, frío y calmado:
- Soy tú -hubo un silencio espeso y pesado como el cemento- El niño que has visto morir, era tú, y tú lo has matado hace años ¿no lo recuerdas? Sin embargo, debo decirte también que tú ya no eres tú, porque el auténtico tú lo has matado. -tras otro eterno silencio el joven le espetó- Veo que empiezas a recordar... pero no, no te arrepientas ahora, el daño ya está hecho, nunca sabrás como hubiese sido el futuro de aquel pequeño y alegre niño lleno de ganas, de voluntad, de bondad e inocencia. Tú lo has matado porque no encajaba en tu mundo de aquel momento, lo has enterrado y te has olvidado de él. Aquel niño que no querías que fuese tu futuro, es ahora lo que quisieras ser.
Se despertó cuando vio que la cara del joven que le hablaba era la suya propia. Todo terminó, era un sueño.
Sentí un alivio enorme por haber abandonado aquella dantesca situación aunque no duró mucho, ya que a los pocos segundos entendí que todo lo que había visto había sido una representación metafórica de algo que había ocurrido de verdad.
Es curioso las formas que tiene la mente de decirte las cosas.
Suena: Time Spent de Deaf Center.