jueves, 10 de diciembre de 2015

Abrió una puerta de una madera antigua y de aspecto viejo encajada en una pared que algún día estuvo pintada de blanco de cuyo recuerdo sólo se conservan algunas partes de un tono grisáceo entre los desconchones. Acababa de pasar por lo que en algún tiempo había sido un precioso jardín y tenía ante él un edificio que ya casi ni recordaba.

Entrando acompañado del siniestro chirrido de las antiguas bisagras y el crujido de la madera del suelo se encontró con un hall oscuro, tenebroso y sucio. Vio pasar ante él y entre un aura de luz, corriendo, un niño gordito, venía de una habitación que parecía ser el salón y se alejó dejando tras de si una gran carcajada, con mucho cuidado de no caer por uno de los muchos agujeros del suelo, creados por la humedad, y lleno de curiosidad siguió al niño entrando en lo que parecía haber sido una cocina, su corazón dio un vuelco y un nudo se le formó en la garganta al ver el cadáver tirado en el suelo del niño que había visto hacía unos segundos.

Paralizado, sintiendo la impotencia por no poder hacer nada, unas lágrimas resbalaron por sus mejillas al ver la expresión de una tristeza terrible que el niño tenía en su cara. Estaba tan desolado por la imagen del cuerpo de aquel pequeño sin vida que no se había percatado que a un lado del cadáver había un gran cuchillo ensangrentado y al lado de este se encontraba el mismo niño, un poco mayor, más delgado y serio, permanecía de pie, quieto, con la mirada hacia el suelo.

Un gran escalofrío recorrió todo su cuerpo al contemplar toda aquella macabra escena, no entendía nada.

El asesino levantó la vista al sentir la presencia del intruso y los dos se miraron fijamente, inmóviles, durante lo que parecieron ser años. La expresión de este nuevo niño era incluso más escalofriante que la última mueca del pobre chico muerto, pero esta vez no era tristeza lo que reflejaba, era frialdad, serenidad, indiferencia, como si careciese de sentimientos.

Sin decir ni una sola palabra, el joven homicida siguió su camino y apartando de una patada el inocente cuerpecito sin vida salió de la estancia como si nada hubiese pasado.

El chico estaba en estado de shock, no era capaz de mover ni un músculo, no era capaz de pensar con claridad, no podía reaccionar. Sintió un abrumador sentimiento de tristeza cuando, sin saber cómo, se encontró a si mismo sentado sobre el viejo suelo de madera, oscurecido por la sangre, dando unas caricias de inútil consuelo al pequeño que conservaba su expresión de terrible tristeza pero que ya no sentía nada, ya jamás volvería a la vida.

Levantó la vista, y solo alcanzaba a ver una enorme sala oscura.

Seguía sentado en el suelo cuando sintió un sabor extraño en la boca y al intentar orientarse y saber dónde estaba vio que las paredes se alejaban aunque sentía que la sala seguía siendo del mismo tamaño. Era él que se estaba haciendo más y más pequeño mientras del oscuro y cada vez más lejano techo comenzaron a llover cubos negros.

Corrió un rato por un espacio infinito intentando refugiarse de la extraña lluvia y se encontró en una esquina de la sala al joven asesino sentado, abrazando sus rodillas, estaba cansado y triste, a pesar de que sólo habían pasado unos minutos desde el macabro encuentro, era mayor que la primera vez que lo vio, pero no era lo único que había cambiado, ahora, a diferencia de antes, estaba aterrado. Extraño ¿Verdad? ¡Naturalmente! Fue en ese momento en el que se percató de que la lógica había desaparecido de la situación, todo era demasiado extraño. Aunque sentía que todo era real, cayó en la cuenta de que sólo podía estar soñando. Ya le había pasado antes y sabía cómo actuar.

Era, entonces, el momento de tomar las riendas del sueño de forma consciente, bueno, casi consciente. Envalentonado por la invulnerabilidad que le proporcionaba el entorno onírico, se acercó al joven con intención de averiguar qué había pasado en la cocina hace unos minutos, o años.

El joven se derrumbó y empezó a llorar cuando el chico se acercó a pedirle explicaciones, ya no era el temible y macabro asesino adolescente que había conocido, era un joven asustado y arrepentido. El chico le preguntó quien era y qué hacía allí.

Notó un pequeño cambio en la expresión del joven pero no pudo identificar de qué se trataba. Sin embargo vio que estaba más sereno y tranquilo. seguía acercándose, aunque no conseguía estar más cerca de el. El joven contestó rotundamente, frío y calmado:

- Soy tú -hubo un silencio espeso y pesado como el cemento- El niño que has visto morir, era tú, y tú lo has matado hace años ¿no lo recuerdas? Sin embargo, debo decirte también que tú ya no eres tú, porque el auténtico tú lo has matado. -tras otro eterno silencio el joven le espetó- Veo que empiezas a recordar... pero no, no te arrepientas ahora, el daño ya está hecho, nunca sabrás como hubiese sido el futuro de aquel pequeño y alegre niño lleno de ganas, de voluntad, de bondad e inocencia. Tú lo has matado porque no encajaba en tu mundo de aquel momento, lo has enterrado y te has olvidado de él. Aquel niño que no querías que fuese tu futuro, es ahora lo que quisieras ser. 


Se despertó cuando vio que la cara del joven que le hablaba era la suya propia. Todo terminó, era un sueño.

Sentí un alivio enorme por haber abandonado aquella dantesca situación aunque no duró mucho, ya que a los pocos segundos entendí que todo lo que había visto había sido una representación metafórica de algo que había ocurrido de verdad.


Es curioso las formas que tiene la mente de decirte las cosas.



Suena: Time Spent de Deaf Center.





martes, 3 de enero de 2012

Tengo demasiado abandonado este pequeño rincón de mi mente...

Pero tengo excusa, no encuentro la inspiración que ayude a las palabras a subir del corazón hacia el cerebro para desde ahí, pasando por los dedos, lleguen a quedar plasmadas en esta hoja virtual.

Empieza el 2012, y este año puedo decir que ya me he curado (todo lo que se puede llegar a curar) de problemas pasados... he decidido obedecer a la razón porque el corazón, está completamente ciego y camina sin bastón, dándose de morros con todas las paredes que se encuentra.

Este nuevo año comienza como casi todos... con muchísima ilusión y ganas de hacer... conocer... aprender... reir... volar...

Así que, querido diario electrónico: este año hablaremos de cosas más felices que el año pasado.

Nos vemos pronto!



miércoles, 2 de marzo de 2011

Efecto mariposa dentro del nuestro propio mundo interior.

Él siempre fue un niño diferente, los niños se burlaban de él por jugar con las niñas y le llamaban una cosa que ni sabía qué significaba.
Su hermano mayor nunca estaba presente en esos momentos tan difíciles por los que pasaba un niño como él, simplemente intentaba mantenerse ajeno a todas esas historias, y no podía culparle por ello. Creció sin un padre, porque este trabajaba en el extranjero y aunque lo veía dos veces al año no era suficiente. Estaba un poco gordo.

Creció viendo que el mundo a su alrededor se mofaba de él y no sabía por qué. No tenía edad para saberlo, no tenía la maldad necesaria para saberlo.

Recuerda todas y cada una las veces que le hicieron llorar, recuerda casi todas las veces que alguien le ha hecho daño intencionadamente, recuerda muchas de las caras que le insultaron. Todos estos recuerdos invadieron el recuerdo general de su infancia, colonizándolo casi por completo.

Es por eso que se convirtió poco a poco en un chico frío, desconfiado y muy vengativo. Tan vengativo que hasta él mismo se asustaba de lo que podría llegar a hacer.

Con el tiempo, y ante la fortaleza adquirida, ya casi nadie se burlaba de él, porque ya no le afectaba. Ahora era un adolescente, alto, delgado y todo el mundo decía que bastante guapo. Había descubierto a base de palos como actuar para poder ser lo que se suponía que debía ser un chico normal, pero era eso, una mera actuación. Se había convertido, sin darse cuenta, en un actor sobre el escenario de su propia vida

Había llegado a olvidarse de su verdadera identidad, asumiendo como real el papel que interpretó durante años. Eso le hacía la vida más fácil.

Pero la herida abierta seguía muy dentro de sus entrañas.
El hecho de no poder querer a nadie le producía un sentimiento de soledad enorme. El hecho de no poder amar hizo que su adolescencia fuese de lo más tranquila, nunca se dejó llevar por los sentimientos propios de esa edad.
Tenía amigos porque ellos y ellas le querían aunque él no sabía porqué. Dio su primer beso, sin sentir lo más mínimo, hizo el amor por primera vez sin ningún tipo de sentimiento.

Se preguntaba porqué no tenía sentimientos, porqué era una persona tan sumamente fría, porqué demonios le atormentaba todo aquel pasado que ni siquiera recordaba.


...

El pasado nos marca de una forma que a veces no llegamos ni a imaginar. Muchas veces no podemos identificar qué tecla se ha pulsado hace 20 años para que ahora actuemos como lo hacemos, pero sus efectos están ahí. Es el efecto mariposa dentro del nuestro propio mundo interior.

martes, 1 de marzo de 2011

Miedo a sentir el miedo a caer (2): Ha llegado el momento de la caída.

El mástil sobre el que estaba, tambaleándome, ha hecho un movimiento demasiado brusco, y finalmente he perdido el equilibrio.
Ahora estoy cayendo al vacío, no va a ser un golpe rápido, lo veo. Siento el vértigo de una caída de 90 pisos a toda velocidad, pero es como si el tiempo no pasase. Veo el suelo, y sé que me va a doler, mucho, pero ya no hay vuelta atrás, y tampoco es que hubiese podido hacer nada por evitarlo.

En el mástil del que os hablo, no estaba yo sólo, había alguien conmigo, alguien que ha decidido no darle una oportunidad al futuro, alguien que se aferró al pasado, a un pasado oxidado y bastante deteriorado. Y es por eso por lo que estoy cayendo, allí arriba, él, el pasado y yo no cabíamos.

Ahora me siento desolado por un amor que pudo ser y no fue, por tener a mi media naranja tan cerca y descubrir que él no quería que yo fuese la suya. Me siento triste y sin ganas de nada, llorando por las esquinas echando de menos esos momentos que todavía no habíamos vivido.

  • Adiós...
Adiós. ¿Querrías hacer algo por mi antes de perdernos para siempre?
  • Claro... dime...
Dile que te cuide, y te haga feliz todos los días de su vida, porque para que vosotros estéis juntos, siempre habrá una persona que tenga que llorar.
  • Claro, se lo diré, pero no entiendo a qué viene esto...
¿Como te sentirías si la persona a la que amas, se fuese con otra persona que sabes que no le quiere como tú?
  • ¿Me estás diciendo que Javier no me quiere?
Si...
  • Si ni siquiera le conoces, ¿cómo puedes afirmar algo así?
Porque sé que nunca nadie te querrá como yo, al igual que sé que nunca nadie querrá a Javier como tú y al igual que sé que Javier no te quiere a ti como querrá a otra persona que aún no ha aparecido en su vida.
  • No me lo puedo creer... ¿cómo te atreves a decir eso?
Porque yo no te habría dejado, nunca te habría tratado como te ha tratado él, nunca tendrías que arrastrarte por volver a mi lado...

jueves, 24 de febrero de 2011

Flechazo

Una farola tintineaba en un oscuro callejón de una villa gallega poco habitada a la orilla del enfurecido océano atlántico. Allí, rodeados por vacío, solitarios coches dormidos esperaban al inminente amanecer, y tras una astuta estratagema que mi ángel de la guarda había planeado sobre la marcha nos dimos un beso.

El primer beso que nos habíamos dado jamás, un beso que hizo que todo el bello de mi cuerpo se estremeciese de una forma aterradora. Un beso que paró el tiempo a nuestro alrededor y convirtió las oscuras calles en una verde y primaveral pradera a la orilla del mar. Un beso que se quedó marcado a fuego en mis labios y les hizo enmudecer para el resto de la noche.
Un beso que llegó en forma de una cómica prueba y traspasó las barreras de mi corazón para invadirme y dejar la puerta, que yo había blindado, abierta a cupido.

Desde aquella noche solo sueño con él, sólo puedo soñar con que ese beso se repita para el resto de nuestras vidas, que ese beso inmortal permanezca intacto observando los años pasar por nosotros. Sólo puedo pensar en acariciar su piel, suavemente con las yemas de mis dedos mientras tumbados en una cama ataviada de blanco esperamos la venida de Morfeo. Sólo puedo imaginar un abrazo eterno en algún acantilado solitario de nuestra tierra natal mientras el sol saluda a la luna escondido detrás de Finisterre.

El ángel del amor atravesó mi corazón como nunca lo había hecho antes.

Desde entonces, espero atento cualquier noticia, un saludo, una palabra, una sonrisa, un simple gesto que me ayude a seguir soñando con que él siente lo mismo.

Sunny day

Entre la oscuridad de un día de invierno siempre aparece un pequeño rayo de sol que nos recuerda que el verano está por llegar.

Hoy no me apetece ser optimista, pero una parte de mi insiste en serlo, quizá sea el corazón. no lo se, el caso es que uno de mis ojos está cegado por ese pequeño rayo de sol y el otro está totalmente asolado por la oscuridad.

Qué hacer en estos casos, cómo decidirme entre el optimísmo fantástico o la realidad pesimista. Quiero poder disfrutar del optimismo y no darme cuenta de lo real. Me encantaría poder ver la realidad sin sentir lástima por la belleza de lo optimista.


En una hermosa tarde de primavera un joven tumbado sobre el cesped de un gran parque, pensando, meditando, ve una pequeña y solitaria margarita, y la coge:
  • ...me quiere.... no me quiere.... me quiere...
-Qué haces?
  • no lo ves? deshojando una margarita...
-Ya.... para qué?
  • por que me apetece... qué haces tú?
-Pienso
  • Ya... en qué?
-Pues... es dificil... intento averiguar si él me podría querer, si le gustaría estar junto a mi, en por qué me gusta tanto... Intento encontrar una explicación y una solución a lo que siento por él
  • te das cuenta de que intentas racionalizar algo tan irracional como los sentimientos?
-Si, pero todo lo que hacemos, lo hacemos por algo, lo sentimos por algo, actuamos de una forma racional, los humanos somos racionales.
  • creo que te equivocas...
-tú crees? pues yo creo que es bastante estúpido deshojar una margarita para saber si te quiere o no...
  • ya... pero es que tú eres un humano, yo una persona... y las personas no somos racionales, somos sentimentales. 

Miedo a sentir el miedo a caer.

Los sueños... soñar despierto... no hay nada que produzca más felicidad que un sueño se cumpla, así como no hay nada peor que la incertidumbre de si se cumplirá o no.



Al contrario de lo que creía, un sueño que sabemos que nunca llegará a ser real no nos despierta más que un leve sentimiento de indiferencia, y no sufrimiento.

Pongamos un ejemplo; Estás manteniendo el equilibrio sobre un mástil muy fino de 20 metros de altura. Lo único que deseas es no caer, y si en un momento dado pierdes el equilibrio sufrirás y si llegas a caerte sentirás dolor. Por otro lado si en primer lugar te encuentras en el suelo y deseas subir a lo más alto del mástil pero sabes que no puedes hacerlo, nunca sentirás el dolor del golpe contra el suelo.

Pero el sentimiento que realmente me inspira hoy, y en el que me quiero centrar es en el del momento que empiezas a tambalearte encima del mástil, esa incertidumbre de si tu sueño se hará o no realidad, esa ansiedad por saber si él siente lo mismo que tú, la angustia por averiguar si será tu media naranja, y lo que es más importante si tú eres la suya o la inquietud por saber si tu vida llegará a donde deseas.
Las dudas y los miedos nos hacen sentir un dolor muy diferente y en mi opinión mucho más dañino que el propio golpe o esa verdad que no queremos oir. Por eso muchas veces cuando nos tambaleamos encima de ese gran mástil, decidimos tirarnos y terminar con la agonía y pasar de una vez por todas al "agradable" sufrimiento del golpe

Hoy también os digo que cuando pensamos en la alternativa de tirarnos en lugar de seguir soñando hasta que nos caigamos o dejemos de tambalearnos, muy pocas veces se valora bien la opción de "dejar de tambalearse" o lo que es lo mismo: alcanzar tu sueño, lograr enamorar a esa persona o llegar a tener la vida que deseabas.
Es cierto que cuanto más tiempo pases tambaleándote más tiempo sufrirás, pero, ¿y si no llegas a caerte? ¿has pensado qué pasará si no llegas a caerte? A mi parecer, una pizca de felicidad termina con todo el sufrimiento que hayas podido pasar, y creo que eso podría merecer la pena.

Yo por ahora he decidido tambalearme y caer si tengo que caer, o mantenerme si así lo decide la suerte. Pues una gran amistad, me ha enseñado que sentir es síntoma de estar vivo y ser una persona (que no un humano) y ha cambiado mi forma de vida ayudándome a subir al mástil en lugar de quedarme en el suelo por miedo a sentir el miedo a caer.

Lori Meyers, Mi Realidad