Efecto mariposa dentro del nuestro propio mundo interior.
Él siempre fue un niño diferente, los niños se burlaban de él por jugar con las niñas y le llamaban una cosa que ni sabía qué significaba.
Su hermano mayor nunca estaba presente en esos momentos tan difíciles por los que pasaba un niño como él, simplemente intentaba mantenerse ajeno a todas esas historias, y no podía culparle por ello. Creció sin un padre, porque este trabajaba en el extranjero y aunque lo veía dos veces al año no era suficiente. Estaba un poco gordo.
Creció viendo que el mundo a su alrededor se mofaba de él y no sabía por qué. No tenía edad para saberlo, no tenía la maldad necesaria para saberlo.
Recuerda todas y cada una las veces que le hicieron llorar, recuerda casi todas las veces que alguien le ha hecho daño intencionadamente, recuerda muchas de las caras que le insultaron. Todos estos recuerdos invadieron el recuerdo general de su infancia, colonizándolo casi por completo.
Es por eso que se convirtió poco a poco en un chico frío, desconfiado y muy vengativo. Tan vengativo que hasta él mismo se asustaba de lo que podría llegar a hacer.
Con el tiempo, y ante la fortaleza adquirida, ya casi nadie se burlaba de él, porque ya no le afectaba. Ahora era un adolescente, alto, delgado y todo el mundo decía que bastante guapo. Había descubierto a base de palos como actuar para poder ser lo que se suponía que debía ser un chico normal, pero era eso, una mera actuación. Se había convertido, sin darse cuenta, en un actor sobre el escenario de su propia vida
Había llegado a olvidarse de su verdadera identidad, asumiendo como real el papel que interpretó durante años. Eso le hacía la vida más fácil.
Pero la herida abierta seguía muy dentro de sus entrañas.
El hecho de no poder querer a nadie le producía un sentimiento de soledad enorme. El hecho de no poder amar hizo que su adolescencia fuese de lo más tranquila, nunca se dejó llevar por los sentimientos propios de esa edad.
Tenía amigos porque ellos y ellas le querían aunque él no sabía porqué. Dio su primer beso, sin sentir lo más mínimo, hizo el amor por primera vez sin ningún tipo de sentimiento.
Se preguntaba porqué no tenía sentimientos, porqué era una persona tan sumamente fría, porqué demonios le atormentaba todo aquel pasado que ni siquiera recordaba.
...
El pasado nos marca de una forma que a veces no llegamos ni a imaginar. Muchas veces no podemos identificar qué tecla se ha pulsado hace 20 años para que ahora actuemos como lo hacemos, pero sus efectos están ahí. Es el efecto mariposa dentro del nuestro propio mundo interior.
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