Al contrario de lo que creía, un sueño que sabemos que nunca llegará a ser real no nos despierta más que un leve sentimiento de indiferencia, y no sufrimiento.
Pongamos un ejemplo; Estás manteniendo el equilibrio sobre un mástil muy fino de 20 metros de altura. Lo único que deseas es no caer, y si en un momento dado pierdes el equilibrio sufrirás y si llegas a caerte sentirás dolor. Por otro lado si en primer lugar te encuentras en el suelo y deseas subir a lo más alto del mástil pero sabes que no puedes hacerlo, nunca sentirás el dolor del golpe contra el suelo.
Pero el sentimiento que realmente me inspira hoy, y en el que me quiero centrar es en el del momento que empiezas a tambalearte encima del mástil, esa incertidumbre de si tu sueño se hará o no realidad, esa ansiedad por saber si él siente lo mismo que tú, la angustia por averiguar si será tu media naranja, y lo que es más importante si tú eres la suya o la inquietud por saber si tu vida llegará a donde deseas.
Las dudas y los miedos nos hacen sentir un dolor muy diferente y en mi opinión mucho más dañino que el propio golpe o esa verdad que no queremos oir. Por eso muchas veces cuando nos tambaleamos encima de ese gran mástil, decidimos tirarnos y terminar con la agonía y pasar de una vez por todas al "agradable" sufrimiento del golpe
Hoy también os digo que cuando pensamos en la alternativa de tirarnos en lugar de seguir soñando hasta que nos caigamos o dejemos de tambalearnos, muy pocas veces se valora bien la opción de "dejar de tambalearse" o lo que es lo mismo: alcanzar tu sueño, lograr enamorar a esa persona o llegar a tener la vida que deseabas.
Es cierto que cuanto más tiempo pases tambaleándote más tiempo sufrirás, pero, ¿y si no llegas a caerte? ¿has pensado qué pasará si no llegas a caerte? A mi parecer, una pizca de felicidad termina con todo el sufrimiento que hayas podido pasar, y creo que eso podría merecer la pena.
Yo por ahora he decidido tambalearme y caer si tengo que caer, o mantenerme si así lo decide la suerte. Pues una gran amistad, me ha enseñado que sentir es síntoma de estar vivo y ser una persona (que no un humano) y ha cambiado mi forma de vida ayudándome a subir al mástil en lugar de quedarme en el suelo por miedo a sentir el miedo a caer.
Lori Meyers, Mi Realidad
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