Hoy no me apetece ser optimista, pero una parte de mi insiste en serlo, quizá sea el corazón. no lo se, el caso es que uno de mis ojos está cegado por ese pequeño rayo de sol y el otro está totalmente asolado por la oscuridad.
Qué hacer en estos casos, cómo decidirme entre el optimísmo fantástico o la realidad pesimista. Quiero poder disfrutar del optimismo y no darme cuenta de lo real. Me encantaría poder ver la realidad sin sentir lástima por la belleza de lo optimista.
En una hermosa tarde de primavera un joven tumbado sobre el cesped de un gran parque, pensando, meditando, ve una pequeña y solitaria margarita, y la coge:
- ...me quiere.... no me quiere.... me quiere...
- no lo ves? deshojando una margarita...
- por que me apetece... qué haces tú?
- Ya... en qué?
- te das cuenta de que intentas racionalizar algo tan irracional como los sentimientos?
- creo que te equivocas...
- ya... pero es que tú eres un humano, yo una persona... y las personas no somos racionales, somos sentimentales.
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